Ibiza: The Music Scene

por Lady Press

Bailar en Ibiza hasta el amanecer, y volver a comenzar.
Saint Laurent

Mucho se viene hablando sobre la decadencia (o no) y el futuro incierto del ocio nocturno en Ibiza y su industria musical, de fama mundial. Aquí va mi opinión.

La escena ha cambiado. Pero lejos de encontrar culpables en otros sonidos que empiezan a sonar en la isla y que están lejos de colonizarla, sonidos que deberían ser bienvenidos y apreciarse con un síntoma de salud (dígase tolerancia) en una isla que «flota gracias a la música» -Pepe Roselló, fundador de Space Ibiza dixit; y de preocuparnos por la fútil amenaza de los llamados nuevos destinos electrónicos que en los últimos cinco años han ido apareciendo por toda la costa mediterránea, quizás habríamos de reflexionar sobre cuándo y por qué la oferta electrónica cayó en la linealidad, reiteración y previsibilidad absolutas, rompiendo de paso códigos aquí sagrados que llenaban de significado y magia conceptos como “opening” y “closing party”.

Es, a mi entender, un pecado que las administraciones y los políticos que las representan desdeñen el principal apéndice turístico de esta isla, el ocio musical, mientras se afanan en promocionar Ibiza internacionalmente como destino gastronómico y deportivo. Y es aún más grave que ninguno de los políticos que nos ha gobernado en los últimos 10 ó 15 años haya sido tocado por la sensibilidad (e inteligencia) para entender la música electrónica no ya siquiera como un valor distintivo de la marca Ibiza como destino turístico, sino como elemento cultural y patrimonio insular. La música para ellos es ruido. Quizás hayan leído algo sobre Juan Atkins…

En cuanto a los clubs, el gremio se ha atomizado. De los cinco grandes (Amnesia, DC10, Pacha, Privilege y Space) pasamos a una miríada de locales, todos con pretensiones de ser también grandes, ingenua esperanza que confiaron a las agencias de booking y sus rosters de headliners. Ocurrió que ya nadie se casaba con nadie, subió la demanda (y los cachés) y se acabó la exclusividad. El principio del fin o, al menos, de una época gloriosa.

Ahora los directores de las salas son promotores de fiestas a la vez, y los opening y closing de los clubs se han convertido en una continuación de estas fiestas. El calendario de aperturas y cierres, originalmente concentrado en un fin de semana, pasó a ocupar dos y ahora dura casi un mes, perdiendo así la categoría de acontecimiento. Cada uno va por libre. Se ha aniquilado el sentimiento de pertenencia a algo único y poderoso. El género se ha vuelto popular y todos aspiran al sold out, sin discriminar ningún target.

Quizás la escena electrónica de Ibiza debería apuntar a un clubber maduro, electrónicamente avanzado, y desde la autoconfianza de ser un lugar especial, de haber armado una influyente industria creativa, de su genuino cosmopolitismo y llevar la música en el ADN desde que los púnicos encontraron en la isla su paraíso y daban gracias haciendo sonar música y bailando a Bes; ser capaz de arriesgar y liderar. Eso es Ibiza: referente e inspiración infinitos.

 

 

 

 

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