Fès: la Medina infinita

por Lady Press Agency

rabat

Oro rosa de Rabat para pasear por Fès.

Es la más antigua de las cuatro ciudades imperiales, fundada en el año 789 tras la muerte del profeta. Soleada y silenciosa, presume de ser la capital espiritual y cultural del país; la segunda ciudad más grande de Marruecos. Fès ama la música andalusí, que celebra este mes de febrero con el Festival National de la Musique Andalouse; tiene una importante universidad y, asentada sobre un valle del Atlas, es eminentemente agrícola. Sorprenderán sus vinos tintos, el perfecto acompañamiento a su exuberante culinaria. En la vecina y también imperial Meknes, a 60 kilómetros en dirección al Atlántico, se encuentra la principal zona vitícola de Marruecos, también llamada Mequinez.

La gastronomía fassi será la gran aliada de la visita a Fès. Sabrosa y minimalista. Una bomba de alegres matices, excelente materia e increíbles sabores puros.

A pesar de sus dimensiones, Fès es esencialmente Medina, rodeada de 24 kilómetros de muralla y 9.400 calles. Una mega urbe medieval dividida entre Fès El Bali y Fès El Jèdid, la antigua y la nueva medina, mucho más allá de la cual, salvo el paisaje, no hay muchísimo para descubrir.

Estrecha y misteriosa, laberíntica, llena de esquinas y limitada en espacios diáfanos. Caminar y caminar, subir o bajar, da igual, para volver, siguiendo el instinto, al punto de partida y celebrar el paseo con un té a la menta al atardecer mientras se disfruta de esa belleza llamada almuecín. No importa el hecho de que en esta ciudad no se estila regatear, ni los 9.600 comercios registrados en sus zocos ordenados por métiers: el shopping será completamente irrelevante aquí.

Tras creer haber recorrido media Medina, y exultantes los sentidos mimados en el hammam del riad, nos encontramos de nuevo a la mesa para celebrar un nuevo banquete, que adoraremos coronar con un tajin en restaurantes como Le Fez Café.

Medina, hammam y gastronomía, esto es Fès.