Estado esencial

por Lady Press Agency

Tomar el sol al desnudo es uno de los placeres de la vida, y el que lo niegue o bien nunca lo ha probado o directamente miente. Este verano nos desquitamos, del traje de baño y de todo pudor, y remoloneamos sobre la arena en estado esencial.


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Bañador no, gafas de sol sí.

Suaves arenales, calas recoletas, de piedra, color turquesa o verde esmeralda, acantilados salvajes, playas que son a su vez parques naturales, cabos ligeros para el baño pluscuamperfecto al atardecer, 50 porciones de Mediterráneo con nombre propio y otras tantas improvisadas, 210 kilómetros de litoral, 2.948 horas de sol y la estación de la voluptuosidad, el verano, para gozarlas libre de todo equipaje. Reunimos las playas de Ibiza donde el nudismo es ‘cool’.

Es Cavallet

En pocas palabras: Este es mi cuerpo y me gusta. Para quiénes: Aquellos a los que los mirones se la traen al fresco y/o tienen alma de ‘voyeur’. Por qué sí: Porque incluso en agosto es posible hacerse con una porción holgada de arena y no todos los días se tiene el privilegio de tomar el sol en una playa virgen. Dónde: En el Parque Natural de Ses Salines, a dos pasos del aeropuerto y a uno de otra gran playa donde también practicar el nudismo, Salinas.

Punta Galera

En pocas palabras: ¿Escéptico sobre la naturaleza eléctrica de la materia? Tal vez un baño al amanecer en Punta Galera te haga cambiar de opinión. Para quiénes: Para Miss Kittin y todos aquellos que vienen a Ibiza buscando recargar las pilas, saltando desde los riscos, tumbados sobre las piedras calientes. Por qué sí: Para hacer snorkeling, porque el agua es increíblemente transparente y a la vuelta pararemos en Santa Agnès y comeremos tortilla de patata. Dónde: En el extremo occidental de Es Amunts: el Himalaya en Ibiza.

Aguas Blancas

En pocas palabras: Salvaje. Para quiénes: Para los que aman el sonido del mar tienen y sintonizan con el estilo de vida hippie. Por qué sí: Porque es la excusa definitiva para adentrarse en el norte de la isla y no abandonarlo más, porque la carretera que conduce hasta ella pasada la curva del bar Anita es una deliciosa montaña rusa y porque la siesta a la sombra de Aguas Blancas sabe a eso, a siesta. Dónde: En Sant Carles y vistas panorámicas a la isla de Tagomago.

Cala Compte

En pocas palabras: El paraíso. Para quiénes: Para los que van poco a la playa y cuando van, quieren disfrutarla a jornada completa: desayuno, almuerzo y hasta cena. Magnífico el restaurante S’Illa des Bosc. Por qué sí: Porque es la playa de Ibiza, en mayúsculas. Cala Compte es la metáfora del Gran Azul. Dónde: En un punto intermedio entre Sant Antoni y Sant Josep. Lejos, pero el viaje habrá merecido la pena.

 

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