Fuerteventura-Tombuctú
No es que Fuerteventura parezca otro planeta. Es otro planeta. Un reino de arena y calor. Un territorio de eterna nada. En Fuerteventura Míster Bones habría encontrado su Tombuctú. Yo encontré otro paraíso atlántico. La isla es desértica y en su aridez está su encanto. No hay verde ni flores en Fuerteventura. Solo viento, un paisaje ocre y playas to die for. También cabras. Muchas. Que a su vez hacen de chivos. Expiatorios. Porque a ellas que pacen en paz por las montañas semirocosas se les atribuye el estado actual de la isla. Dicen que un día estuvo llena de palmeras y deliciosos dátiles. No queda nada de eso pero sí un queso fabuloso. De cabra. También hay locos, por el kitesurf y el surf. Y un montón de lugares curiosos donde aventurarse. Porque la isla es una aventura y Reserva de la Biosfera desde 2007.
Una playa. Todas, pero si hay que elegir una ésa será Cofete, entre las cien mejores del mundo en 2011 según Traveller Condé Nast.
Un hotel. El Meliá Gorriores, en la playa de Sotavento.
Una carretera. Donde termina el mundo, es donde empieza Fuerteventura. A la vista quede en carreteras como la que conduce de Pájara a Betancuria. Paisaje lunar por un desfiladero que sube y sube.
Un rincón para retirarse. La Pared.
Un bar. En la capital, Puerto del Rosario, al final de puerto hay un local donde quedan los marineros. Cerveza, barbacoa e historias transatlánticas con samba de fondo. El bar Río.
*En la maleta. Shorts, gafas de sol, un pluma o sudadera, depende en qué momento se vaya, y un bikini diminuto y favorecedor como este clásico de Missoni.










